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Los pingüinos de la Patagonia necesitan ayuda



La reserva argentina de Punta Tombo es conocida por ser un paraíso para los pingüinos. Cada año, estas aves llegan para aparearse y tener a sus crías. Pero el cambio climático y el turismo están afectando negativamente.


Una vez que el visitante llega a la Reserva de Punta Combo, los carteles azules y brillantes le recuerdan, en inglés, que se encuentra en un lugar muy especial: el paraíso de los pingüinos. Precisamente por este motivo, es conocida esta estrecha y pedregosa franja de playas que se encuentra en la provincia argentina de Chubut y penetra unos 3,5 km en el mar de la costa patagónica.

La reserva ha sido siempre un importante hábitat para estas aves no voladoras y contiene así la colonia de Pingüinos de Magallanes más importante de toda América del Sur. Todos los años, cientos de miles de pingüinos llegan cada mes de septiembre, a eclosionar sus huevos y a criar a sus pichones en las costas. Esta tarea cada vez resulta más difícil para estas majestuosas aves, que son conocidas por su capacidad de nadar distancias de hasta 170 kilómetros al día, pero ellas siguen haciendo frente a las amenazas del cambio climático, la industrial local y el turismo no sostenible.

Punta Tombo atrae a más de 100 mil turistas al año. La mayoría de ellos principalmente viene a ver a los pingüinos. Un gran número de visitantes se considera generalmente algo positivo pero en este caso no está exento de problemas, según Graham Harris, jefe del programa argentino de la organización ecologista Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, en sus siglas en inglés). "Es muy difícil gestionar el gran número de personas que desean acercarse a las colonias de pingüinos", afirma.

Por un lado, la multitud de gente asegura que los depredadores como zorros y gaviotas se mantengan alejados de las colonias. Por otra parte, se han construido nuevas instalaciones para los turistas. Esto contamina la reserva de agua, ya escasa. Además, las aguas residuales se filtran en el mar. A su vez, aunque los grupos de turistas no deben rebasar las quince personas, existen autobuses que traen grupos mucho mayores en viajes no oficiales a la costa.

La idea de los pequeños grupos de turistas fue de la organización WCS en la década de 1960 con el fin de tener una alternativa que ofrecer a la compañía japonesa "Hinode Penguin". La empresa quería cazar pingüinos, con el permiso del gobierno argentino, por sus pieles. Más tarde, en la década de 1970 la organización WCS y el zoológico alemán de Frankfurt donaron fondos para la construcción de la primera estación de guardabosques en Punta Tombo, que debía servir como puesto de observación de los pingüinos.

Triunfo de la reserva de la biosfera
Desde entonces las cosas han recorrido un largo camino. Apenas hace unas semanas, los grupos ecologistas locales lograron, tras una larga lucha, que la zona fuera nombrada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, conocida como la reserva “Blue Patagonia”, que cubre un área de 3,1 hectáreas – aproximadamente el tamaño de Bélgica. Alrededor del 58 por ciento del área se encuentra en el mar, el resto es masa de tierra, incluyendo Punta Tombo.

La reserva cuenta con un plan de gestión sostenible para cada área protegida. El plan también incluye un límite en el tamaño de los grupos de turistas y una gestión de los residuos, aunque no son actividades legalmente vinculantes. No obstante, Pablo García Borboroglu se muestra favorable al nuevo enfoque. El presidente de la Sociedad Global de los Pingüinos (GPS, en sus siglas en inglés) afirma que será necesario hacer ajustes, "porque habrá que realizar un informe para la UNESCO". Éste es, por lo tanto, sólo el primer paso en la protección de los pingüinos. Otro aspecto importante a tener en cuenta será la promoción de la conciencia pública sobre la necesidad de proteger estas aves.

Educación temprana
Según Borboroglu los niños de la zona desde muy temprano aprenden en la escuela mucho sobre la vida y el hábitat de los pingüinos. Cada año la sociedad GPS local viaja a la península con más de 1.000 niños para ver a los pingüinos y visitar el Centro de Interpretación del Pingüino, recién renovado. Estos viajes han ayudado a los más jóvenes a conocer de cerca a las aves, según Borboroglu. "Los argentinos siempre han sido los que peor se han comportado con la vida silvestre. Esto ahora es muy diferente".



"Los turistas y visitantes pueden aprender mucho sobre la conservación de los pingüinos", explica Dee Boersma sobre el turismo sostenible. Boersma dirige el Proyecto Pingüino de Magallanes en Punta Tombo desde 1982 y coincide en que el turismo sostenible puede ser eficaz pero los esfuerzos no se pueden detener ahí. Debido a que los pingüinos Magallanes anidan a un kilómetro de la costa, a menudo la cría de los pichones tiene lugar en terrenos privados. Por este motivo, la organización GPS y la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre a menudo tienen que hablar con los propietarios de tierras para proteger estas áreas. Asimismo también tienen que pensar en las advertencias para los barcos que atraviesan los corredores migratorios de las aves.

Por otro lado, los esfuerzos de conservación en el mar ya han dado sus primeros frutos. Hoy en día, sólo un uno por ciento de los pingüinos, que han sido encontrados muertos en la playa, muestra rastros de petróleo. A principios de la década de 1980 esta cifra ascendía a casi el 80 por ciento. Esta disminución se debe a que ahora las rutas de los petroleros transcurren a 40 kilómetros de distancia de la costa.

Otras amenazas
En un estudio reciente de la Universidad de Washington, Boersma señala que el cambio climático también es responsable de la muerte de muchos pingüinos. Como no tienen glándulas sudoríparas, jadean como los perros y sus vasos sanguíneos se dilatan para eliminar calor a través de las patas y de las aletas. "Si aumenta mucho la temperatura, mueren muchos pingüinos, ya que necesitan su sangre para digerir los alimentos", dice Boersma. "Durante la digestión no pueden utilizar los vasos sanguíneos para disipar el calor”. Los animales jóvenes, que son demasiado grandes para encontrar protección bajo el cobijo de sus padres, también están en peligro. Además, todavía no poseen plumas resistentes al agua y son susceptibles a la lluvia de tormentas.

Otros problemas añadidos son la pesca ilegal y la sobrepesca en los hábitats de los animales. Los pingüinos, así como otros animales marinos, necesitan alrededor de un tercio de los recursos pesqueros disponibles para su propia supervivencia. Por otra parte, los barcos pequeños siguen vertiendo petróleo en el agua por ahorrar dinero por el vertido en el puerto. Hasta el momento, en Argentina no existen sanciones contra esto.

"Si queremos proteger el hábitat de los pingüinos, tal y como lo necesitan, también tenemos que ayudar al gobierno para que haga lo correcto", dice Boersma. "Los pingüinos no tienen voz, por lo que la gente va a tener que utilizar su voz para ayudarlos”.

Autora: Rachel Stern (AR/EL)


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