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“Vochonautas”, del sur de México hasta la Patagonia



Alentados por el descubrimiento y la sed de aventura, hace dos años, los potosinos Gustavo Alonso y Cynthia Gámez emprendieron una travesía en un Volkswagen 72 por las carreteras que llevan al sur, con el objetivo de alcanzar la Patagonia, ruta invertida que una vez inició como viaje el famoso Ernesto Guevara de la Serna.

 El goce por la vida y su amor al arte los unió en un trayecto del que sólo habría que dar el primer paso, trazar una ruta de 20 países y casi 67 688 kilómetros hasta su destino, juntar víveres, poca ropa y hacerse del transporte; esta vez, como los autonautas de la cosmopista, un escarabajo germánico, un Volkswagen de 1972 sería el elegido para ser cómplice de los nómadas.

Gustavo y Cynthia salieron el 7 de junio de 2013 al trayecto que les cambiara la vida, un vuelco en el confort al que estaban acostumbrados.

Rostros, costumbres, platillos, clima y algunas palabras nuevas aunque no indescifrables, son el pan de cada día en la ruta del hemisferio sur. Gustavo nos cuenta a distancia sobre nuestras semejanzas con los demás pueblos latinoamericanos, “tenemos los mismos problemas sociales, culturales y económicos”.

Partieron tres amigos, pero por cuestiones personales, Guillermo regresaría a México; Gustavo y Cynthia continúan entusiasmados, con las ensoñaciones propias de un viaje de esta naturaleza, saben que viajar es distinto a ser turista.

En Belice los asombra el lado oriental de la economía; los precios, las desigualdades las imaginaban, la comida distinta, siempre será un bálsamo en el maltrecho trayecto.

Los dos fotógrafos viajan en “vocho” por el continente, toman imágenes de su travesía y realizan un video de cada país que pisan, hacen talleres de fotografía con niños, le dan a cada uno una cámara, al día siguiente tienen que entregarla y al revelarlas, los resultados son sorprendentes, poder ver a través de la visión de un niño, de un habitante de esta América diversificada pero tan igual.

Fronteras no tan imaginarias

Cruzan Centroamérica en pocos días, no como ellos hubieran querido, las razones son tan burocráticas que basta saber que El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua pertenecen a un grupo llamado CA-4 y que sólo otorgan un permiso de 90 días para estar en los cuatro países.

Los vochonautas pensaron que eran 90 días en Guatemala, después de ingresar a Centroamérica, estuvieron dos meses en el vecino país hasta que al llegar a El Salvador, les advirtieron que tenían un mes para estar en los países señalados.



“Lo que sucedió fue que tuvimos que recorrer El Salvador, Honduras y Nicaragua en tiempo récord sin posibilidad de vuelta por no volver a pagar trámites de fronteras y carro, lo más frustrante fue no poder hacer los talleres en estos tres países”.

Ellos solventan la mayor parte de sus gastos ofreciendo talleres de fotografía y stop motion a instituciones educativas particulares y museos.

“Es una de las cosas más hermosas del viaje, nos solventamos con la producción de fotografía y video, pero si no funciona, hay que buscar otras cosas para sobrevivir. Una de las mayores limitantes de la gente para viajar, es que piensan que necesitan mucho dinero para hacerlo, lo ideal sería trabajar mientras viajas como lo hacemos nosotros”.

Las sonrisas y agradecimientos de los niños, es un aliciente para continuar la ruta, “te llenan de energía y lo máximo es enseñar lo que sabes hacer”, nos dice Gustavo, mientras preparan la comida en una playa de Ecuador, a días de llegar al Perú.

Antes de llegar a Costa Rica, en Nicaragua pasan tres horas y media en la frontera, realizan trámites burocráticos y les hacen desempacar, les catalogan cada una de las cosas que llevan, las cámaras, sus enseres, el motivo: Son mexicanos y es reciente lo del caso de Televisa, les dicen los agentes aduanales.

La mayoría de las fronteras no son problema, con plata suficiente que no tienen y el tiempo, que ellos administran holgadamente, las fronteras se pueden pasar con pocos trámites y costos razonables, al llegar a Costa Rica, un país turístico por excelencia, el cruce es gratis a diferencia de los demás países centroamericanos ¿El problema? Hay mucha gente que busca entrar.

Cuatro horas y personal que no sabe darles indicaciones precisas, provocan dolor de cabeza en nuestros nómadas que al final, como debiera ser, ingresan al país tico, donde la belleza de la llamada “Suiza americana”, tiene su precio, ya que todo es muy caro en el paraíso centroamericano.

El brinco al sur

En Panamá, los dos errantes cumplieron un año de viajar, en la antesala al cono sur, la pareja que lleva cinco años de novios, dos viajando, permanecen alrededor de 8 meses, la situación se les complica económicamente en el país donde el capitalismo triunfa como en ningún otro país latinoamericano.

Durante el trayecto, la pareja ha encontrado ángeles, personas desinteresadas que les invitan a su mesa, a dormir en su casa, personas que les ayudan a reparar “El Poderoso”, situaciones que los hacen sentir como integrantes de una comunidad universal, que los llena de entusiasmo y una fe en la humanidad.



Aunque también hay días “perros”, horas que no pasan rápido por más que uno desee, al llegar a Panamá a nuestros aventureros se les acaba el dinero, no consiguen insertar sus talleres, tienen que trabajar en lo que nunca pensaron para poder hacerse de plata.

Fueron 14 trabajos distintos en tan sólo 20 días, obtener el dinero para seguir avanzando fue el primordial de los deseos, se tuvo que dejar atrás la vergüenza, los sinsabores, los bochornos, la renuencia y sobre todo, los miedos, ese lastre que pensaron haber dejado atrás en su primer paso al inmenso continente.

Iniciaron como artesanos, vendieron cerveza en la playa, recolectaron latas, trataron de vender libretas artesanales, vendieron fotografías, realizaron encuestas políticas, crearon páginas para restaurantes, fueron meseros, realizaron malabares en la calles, elaboraron pulseras con nombre, intentaron ser comerciantes de comida, tomaron fotografías para eventos sociales y finalmente, al final del túnel, Gustavo, después de mandar tantos currículos como pudo, le llamaron de una empresa para pagarle por lo que mejor sabía hacer, tomar fotografías y video.

Después de la tempestad, Panamá se abre jubilosa frente a ellos, comienzan a llamarles para hacer talleres de fotografía y stop motion, como cautivos, agradecen infinitamente la hospitalidad de un país que les dio la oportunidad de enfrentar sus miedos en un punto donde estuvieron a punto de desistir, pero “los que viajan” como les dicen sus familiares, se renuevan con cada experiencia difícil y cada alegría que van recobrando con este desarrollado país, les fortalece.

Para llegar al sur, no hay frontera terrestre, resulta sospechoso que Panamá sólo realice cruces marítimos a sus dominios, es una frontera perfectamente hecha para poder pagar el cruce. “El Poderoso” tendría que cruzar en ferry juntando cerca de mil 600 dólares y una planeación exhaustiva, con trámites casi imposibles como si se buscara salir o ingresar a una tierra con muros invisibles pero con costumbres e ideas peligrosas.

Menos juicios y más paciencia

Algo cambió en ellos, del ajetreo de las urbes, pasaron a la calma y a la paciencia, a la esperanza de obtener alojamiento y los alimentos diarios, un techo que no fuera el recubrimiento interior del poderoso escarabajo del 72.

“El viaje te ayuda a cambiar en todos los sentidos, hablando personalmente, me he vuelto más paciente, te pasan cosas que tienes que desafiar durante el trayecto y eso te enseña a tomar calma y tomar decisiones rápidas, te vuelves más empático con la gente, juzgas menos, disfrutas más el presente”, cuenta Gustavo.

Nos dicen que el principal obstáculo en el camino, es el propio escarabajo, cuando sufre descomposturas en la carretera, hasta cambiar una banda, lo cual no sabían hacer, resulta una nueva experiencia, mientras los pobladores les enseñan a hacer andar a “El Poderoso”.

“Nos dan aliento, unos nos dan dinero, otros nos invitan a comer…algunos nos envidian porque siempre es lo que han querido hacer”, narra Gustavo.

Al llegar a Colombia, viejos amigos les dan la mano, luego del hospedaje exprés, deciden viajar por 14 horas en bus de Medellín a Cartagena para ir por el escarabajo germánico, “El Poderoso”, que los espera ansioso de continuar el trayecto hasta el deseado sur, cada vez más cerca.

Continuar el paso por el vital Colombia que los arropó tres meses, llenar el tanque con gasolina traficada desde Venezuela, encontrarse con otros viajeros, sufrir la descompostura del “Poderoso”, encontrarse con fronteras militarizadas, miradas desconfiadas, pistolas en la cara, intentos de afrentas que los hacen querer regresar sobre sus pasos, sobre las llantas del “vocho” que pareciera renunciar con cada kilómetro, pero al ponerse el sol, siempre hay gente que les otorga la mano, para que al final del día, se recuesten y tomen una cerveza fría.

A mitad del camino, a mitad del mundo

Viajar por Ecuador es como transitar por una postal, nuestros aventureros se vuelven cazadores de volcanes en este país ubicado a la mitad del mundo.

¿Qué más da descender a una laguna ubicada en la boca de un volcán? 12 kilómetros y cinco horas de camino no suenan tan mal para admirar el asombroso cuerpo de agua formado hace 800 años cuando hizo erupción por última vez el volcán Quilotoa.

Los ascensos son pesados, Gustavo y Cynthia saben que lo que les espera al final es la recompensa del viaje, del cual saben, te transforma, lo importante es el trayecto, no el viaje en sí.

También buscan la fuente de la juventud, viajan a Vilcabamba, al sur de Ecuador donde les dicen que está la gente más longeva del mundo, no encuentran nada, el pueblo se ha vuelto un paradero turístico, se hospedan con otros viajeros, ahí les regalan una cachorrita, su compañera de viaje, “Vilca” a partir de ahora, si todo sale bien, los acompañará hasta el fin del mundo.

Hasta el momento, la pareja lleva 11 países visitados, en el recorrido les falta Bolivia, Chile y Argentina, no saben si visitarán Brasil, Paraguay y Uruguay, ellos calculan que otro año más de viaje les espera.

Tienen planeado vender su escarabajo germánico para regresar en avión a San Luis Potosí, donde los espera su familia, que no estuvo de acuerdo con el viaje al principio y, la comida, lo que más extrañan de su tierra ubicada un poco más al norte de la Patagonia.

Si quieres saber más detalles del viaje de estos nómadas, entra a www.nomadarte.com


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