Ezequiel Banegas llegó a Neuquén desde Azul, provincia de Buenos Aires, sin trabajo, sin familiares y sin un lugar donde dormir. Después de atravesar meses en situación de calle, conseguir empleo y aprender sobre ventas, logró poner en marcha su propio emprendimiento gastronómico. Ahora está a punto de abrir La Fonda, su primera rotisería.
Banegas llegó a la capital neuquina a dedo y pasó sus primeros días durmiendo en la calle. Incluso pidió ayuda a través de las redes sociales para conseguir una carpa que le permitiera protegerse del frío. Un vecino respondió a su pedido y le entregó una carpa, una almohada y un acolchado. Ese gesto se convirtió en uno de los recuerdos más importantes de su llegada a la ciudad.
Con el tiempo, consiguió un lugar en un refugio, donde recibió acompañamiento para reorganizar su vida. Luego obtuvo distintos trabajos: primero en OCA y más tarde en un corralón de Cipolletti, donde comenzó como vendedor y llegó a ocupar el cargo de jefe de ventas. Esa experiencia le permitió adquirir conocimientos que posteriormente aplicaría en su propio proyecto.
La gastronomía siempre había sido una de sus pasiones. Comenzó de manera sencilla, con una cocina de dos hornallas, preparando tortas fritas, rosquitas, bolas de fraile y chipá para vender. Poco a poco incorporó pizzas, empanadas y hamburguesas y utilizó las redes sociales para promocionar sus productos. El crecimiento de los pedidos finalmente lo llevó a dejar su empleo y dedicarse por completo al emprendimiento.
Después de aproximadamente un año de ahorro, consiguió un local en el barrio Mariano Moreno, en la esquina de Mitre y Correntoso. Allí funcionará La Fonda, donde ofrecerá hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas y burritos, además de incorporar posteriormente opciones para el almuerzo.
El nuevo emprendimiento representa para Ezequiel mucho más que un proyecto laboral. Durante el tiempo en que estuvo en situación de calle recibió ayuda de personas que no conocía y, una vez que logró estabilizarse, comenzó a colaborar con otras personas que atravesaban dificultades similares. Para él, devolver parte de lo recibido forma parte de su propia historia.
Ahora busca consolidar el negocio y seguir creciendo. Su próximo sueño es abrir un bodegón con platos abundantes y precios accesibles. Mientras tanto, La Fonda representa un nuevo comienzo y el resultado de varios años de esfuerzo, aprendizaje y perseverancia.




