Las talitas, un clásico de la gastronomía argentina, requieren de técnicas específicas para lograr esa textura crocante que las hace tan ricas, y los consejos aplican tanto para las dulces como para las saladas.
Pocas cosas hay más ricas que una talita bien hecha: masa finita, relleno generoso y ese crujido característico al morderla. Pero conseguir ese resultado no siempre es fácil. El proceso tiene varios pasos en los que se puede mejorar: desde cómo se prepara la masa hasta cómo se maneja el aceite a la hora de freír. Y la buena noticia es que los trucos son los mismos tanto para las versiones saladas como para las dulces.
En las talitas saladas, el relleno tiene que tener la menor humedad posible para no arruinar la textura de la masa. Verduras bien salteadas y escurridas, queso que no largue mucho líquido y un sellado prolijo son las claves. En las dulces, el mayor desafío es que el relleno no se escape: hay que cerrar bien los bordes y evitar poner demasiado dulce de leche o membrillo de una sola vez. La masa, en ambos casos, tiene que ser uniforme para que se cocine parejo.
A la hora de freír, el aceite caliente es fundamental. Si está tibio, la masa absorbe grasa y pierde la textura. Lo ideal es freír de a pocas unidades para mantener la temperatura estable, y después dejarlas sobre papel de cocina para que escurran bien. Según Diario Río Negro, aplicando estas técnicas básicas cualquier persona puede lograr talitas crocantes tanto en casa como a mayor escala.




